domingo, 21 de enero de 2018

LA TRAICIÓN DE LENIN MORENO

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Ana Karina Garcia está con Gustavo Torrico Landa y 16 personas más.

Por: Atilio Borón
“Hay puñales en las sonrisas de los hombres;
cuanto más cercanos son, más sangrientos.”
(William Shakespeare)


Resulta imposible hablar de la dramática coyuntura política que se ha configurado en el Ecuador con motivo del Referendo y la Consulta Popular del 4 de Febrero sin que una palabra aflore de inmediato en la conciencia (y en el ánimo) del observador: traición. Es un término durísimo por su mayúscula inmoralidad. Ese enorme humanista que fue Shakespeare hizo de la traición objeto de innumerables reflexiones en su voluminosa producción literaria. Pero fue en Macbeth donde el tema se convirtió en el hilo conductor de la obra. Y allí la traición aparece como el reverso de una pasión enfermiza e incontrolable: la ambición y junto a ella la envidia y una mal contenida rivalidad que irrumpe de súbito ni bien las condiciones son propicias.

Podrá argüirse, ¿traición a qué, o a quién? ¿A qué? Nada menos que a la mayoría del pueblo ecuatoriano que votó por un candidato que se presentaba como el continuador de la Revolución Ciudadana, un proceso de transformaciones profundas que cambió radicalmente, y para bien, a la sociedad ecuatoriana. Moreno perpetró una estafa electoral, como la de Mauricio Macri en la Argentina, e incurrió en una malversación de la confianza en él depositada por la ciudadanía que lo hizo presidente. ¿Debería el pueblo ecuatoriano depositar su confianza en las promesas de un personaje que ya lo traicionó una vez? ¿Por qué no habría de reincidir en su deshonesta conducta? Por supuesto, como todas las creaciones históricas, la Revolución Ciudadana tuvo sus contradicciones, sus grandes aciertos, sus errores y sus asignaturas pendientes.

 Pero la dirección del proceso era la correcta y el imperialismo y la derecha ecuatoriana no se equivocaron al transformar a su líder, Rafael Correa, en la bête noire no sólo del Ecuador sino de la política internacional. Traición al pueblo que lo votó, al partido que lo postuló para la presidencia y también a Rafael Correa, de quien Lenín Moreno fue su vicepresidente y muy estrecho colaborador, dentro y fuera del país, durante diez años.

 Traición por atacar a un personaje de quien hablaba puras maravillas durante la campaña electoral que lo proyectó al Palacio de Carondolet y en cuya enorme popularidad se apoyó para prevalecer en el muy reñido balotaje. Éste tuvo esas características porque ya desde la campaña de la primera vuelta la derecha local e internacional, los partidos del viejo orden, las cámaras empresariales y toda la oligarquía mediática en Ecuador y en el extranjero denunciaban que el fraude se habría perpetrado por el Consejo Nacional Electoral en la fase previa a los comicios y que se continuaría el día de la votación y en los posteriores mientras se practicara el recuento de los votos. Una acusación completamente infundada (como se demostró en la reunión de los representantes de CREO-SUMA, la fuerza política que postulaba a Guillermo Lasso, con los observadores internacionales invitados para monitorear el proceso electoral). Algunos de estos, para nada simpatizantes del gobierno de Correa, estallaron de indignación ante la catarata de falsas impugnaciones motorizadas por los partidarios de Lasso y amplificadas extraordinariamente por los “medios independientes”.

 En la citada reunión con la gente de CREO-SUMA uno de los observadores puso punto final a las críticas diciendo: “no queremos chismes, aporten datos concretos”. Nunca lo hicieron y jamás formalizaron una denuncia concreta ante el Tribunal Contencioso Electoral. El objetivo de esta estrategia difamatoria era muy claro: deslegitimar el previsible triunfo de Moreno en la primera vuelta, debilitar de antemano su gobierno y ablandar el espíritu del nuevo equipo de gobierno en caso de que el candidato de la derecha Guillermo Lasso fuese derrotado en la segunda vuelta. Pese a lo absurdo e infundado de esas acusaciones de fraude lo cierto es que hicieron mella en la frágil contextura política de Moreno y en su entorno, quienes relegaron a un papel subordinado y menor a Alianza País, una organización política que había dado sobradas muestras –¡victoriosa en catorce procesos electorales- de su eficacia como maquinaria electoral.

Pero la traición de Moreno mal podría ser explicada sólo por factores psicológicos, como si sólo fuera la maliciosa secuela de una desmedida ambición. Tampoco por groseros errores de campaña, que ocasionaron una victoria muy ajustada. La fulminante y asombrosa mutación de la orientación política del actual presidente está al servicio de un proyecto restaurador para el cual fue reclutado -¿quién sabe cuándo, cómo y a cambio de qué?- por los factores tradicionales del poder en el Ecuador y, sin duda alguna, por Washington con el objeto preciso e impostergable de destruir definitivamente cualquier opción progresista o de izquierda en el país y, por extensión, a quien como Rafael Correa encarnó esos ideales durante diez años. Obviamente que el actual presidente demostró ser un personaje tan escurridizo como inescrupuloso, que se agazapó en los intersticios de la estructura gubernamental y esperó con paciencia y astucia el momento para descargar su puñalada trapera haciendo honor a la cita utilizada en el epígrafe de esta nota. A todos les llamaba la atención, en su campaña, tanto en la primera como en la segunda vuelta, los exaltados elogios a Correa y la facilidad con que lanzaba promesas demagógicas de imposible cumplimiento.

 El lanzamiento del Plan Toda una Vida surgió en las dos últimas semanas de la campaña de la primera vuelta como un recurso para intensificarla, dada la probabilidad de no atravesar al 40% de los votos. Con ese plan se buscaba aterrizar la propuesta programática de Alianza País y otorgarle al discurso, hasta ese momento siempre vago, de grandes visiones y mensajes esperanzadores propios de un pastor tele-evangelista, mediante la enunciación de contenidos concretos y metas identificables por los electores. En esa línea, prometió el oro y el moro: empleo para todos, casas para todos, salud para todos pero sin jamás decir cómo financiaría esas políticas y cuál sería su proyecto económico. Se suponía que sería el que había instaurado su predecesor, pero llamativamente no habló de la economía ecuatoriana, del dominio que pese a los cambios introducidos por Correa seguían conservando los banqueros, los oligopolios mediáticos, el capital extranjero; en suma, los que detentaban en el Ecuador el poder real, distinto y muy superior al del gobierno. No pasó desapercibido para nadie como en los tramos finales de la segunda vuelta Moreno se mostraba cada vez más receptivo a los reclamos de la derecha, admitía sin respuesta sus acusaciones de fraude, oía con indiferencia sus vociferantes quejas por la falta de libertad de prensa en el Ecuador y a la necesidad de reabrir un diálogo que, presuntamente, habría sido clausurado por Correa. Pese a ello a todos nos sorprendió la intempestiva denuncia de corrupción lanzada ni bien asumió sus funciones como presidente, sombra indecente proyectada indiscriminadamente contra los funcionarios del anterior gobierno, salvo él, por supuesto.

 Si había tanta corrupción como Moreno decía, ¿cómo tardó diez años en darse cuenta de que estaba en un nido de corruptos? Dado que esto es inverosímil, si la corrupción existió él fue cómplice de la misma; y si no existió lo suyo es una infamia, perpetrada una vez más al servicio de la coalición de intereses que, a fines del siglo pasado, hundió al Ecuador en la peor crisis de su historia.

El desmantelamiento de la Revolución Ciudadana no sólo pasa por restaurar escandalosamente a los banqueros y a la oligarquía mediática “el poder detrás del trono”, como la verdadera autoridad del gobierno. El embate se descarga también sobre la cultura y los medios de comunicación, con la razzia practicada en el periódico oficial “El Telégrafo” que, bajo la nueva inspiración, cuenta con un ultra corrupto como el presidente brasileño Michel Temer como uno de sus colaboradores al paso que notables intelectuales ecuatorianos fueron corridos del periódico. Moreno no encuentra nada malo en que el espectro comunicacional del país haya caído una vez más en manos privadas o que medios del estado, como la Radio Pública del Ecuador, por ejemplo, se convirtiese en vociferante expresión crítica de todo lo que antes elogiaba. No obstante, el morenismo está lejos de constituir un compacto bloque en el poder. Múltiples contradicciones lo surcan. Por un lado están los sobrevivientes de la fase anterior, progresistas que –por ahora- se desempeñan en el área de las políticas sociales hasta que la derecha complete la purga realizada en la administración pública; frente a ellos se agrupa un heteróclito enjambre de grupos empresariales que tomaron el gobierno por asalto unidos por la común ambición de saquear a la economía nacional y al estado y enfrentados a otros sectores corporativos que, dejados a margen del festín, ambicionan asumir directamente el control del gobierno sin superfluas mediaciones como la de Moreno y su grupo. Este asalto al gobierno por parte de los grupos empresariales es análogo al que tuvo lugar en la Argentina con la llegada de Macri. En ambos casos se produjo un extravagante y deplorable tránsito desde el poder al gobierno cuando, en una democracia, se supone que la marcha es al revés: es el gobierno surgido del voto popular quien tiene que conquistar el poder o al menos fragmentos significativos de éste si es que efectivamente quiere gobernar El resultado de esta inversión lo estamos viendo claramente en la Argentina:  vaciamiento de la democracia, desprotección social, concentración de la riqueza y recrudecimiento de la violencia institucional para acallar las protestas sociales. No creo que la historia sería muy diferente en el Ecuador de continuar por el rumbo trazado por Moreno.

De lo anterior se desprende que más allá de la aparente variedad de sus preguntas, el referendo de febrero tiene un solo objetivo: tronchar de raíz la posibilidad de que Rafael Correa pueda volver a presentarse a elecciones. Hay tres preguntas cruciales que son las que revelan con claridad el proyecto político del nuevo bloque empresarial que ha colonizado las alturas del estado: dos de ellas encaminadas a garantizar lo único que le importa al imperio y a sus lacayos ecuatorianos: el destierro político de Correa, condenarlo al ostracismo y, de ese modo, liquidar en pocos meses su herencia política revirtiendo los cambios que tuvieron lugar en los últimos diez años y reinstalando al estado nacional en su tradicional subordinación a las fuerzas del mercado. Se trata de las preguntas sobre supresión definitiva de la posibilidad que pueda tener una ciudadana o un ciudadano de repostularse para el mismo cargo, lesionando el derecho de los ciudadanos de presentarse a elecciones, de elegir y de ser elegidos, todo esto justificado con el propósito de garantizar el principio de la alternancia.

 El otro artículo busca eliminar al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, un órgano que fue el custodio principal del estado de derecho y la separación de poderes consagrada por la Constitución de Montecristi. De aprobarse esta modificación las principales autoridades de las diferentes ramas y aparatos del estado pasarían “transitoriamente” a ser designadas a dedo por el actual presidente. En otras palabras, se legalizaría un golpe de estado. La tercera, la número seis en el referendo, expresa con meridiana claridad el pacto de Moreno con la oligarquía financiera. Mediante ella se pretende derogar la Ley de la Plusvalía que tiene por objeto “evitar la especulación sobre el valor de las tierras y fijación de tributos.” (1 ) En pocas palabras, de lo que se trata con este ilegal e ilegítimo engendro jurídico es eliminar para siempre la presencia de Rafael Correa en la política ecuatoriana (y regional); reconstruir en clave corporativa y privatista al estado, como sucediera en la Argentina de Macri, facilitando las operaciones especulativas de los capitalistas (de ahí la anhelada derogación de la Ley de la Plusvalía) y transfiriendo el control de los cargos decisivos del aparato estatal a manos privadas, instaurando una suerte de CEOcracia que propinaría un golpe mortal a las aspiraciones democráticas de la ciudadanía ecuatoriana.

A la traición se le suma la infamia de una movida como ésta. Quienes luchamos por una Latinoamérica unida y en marcha hacia su segunda y definitiva independencia no podemos sino expresar nuestro más enérgico repudio a los nefastos designios del actual gobierno ecuatoriano y la confianza en el pueblo de ese país que sabrá desbaratar esa maniobra. En la primera nota que escribí a propósito de la trascendental elección presidencial de Febrero del 2017 dije que en Ecuador se libraba una nueva batalla de Stalingrado, decisiva no sólo para su futuro sino del de toda América Latina. 

Respiramos aliviados cuando se derrotó al candidato del viejo régimen, representante del país oprimido por una voraz oligarquía y sus mentores del norte. Pero jamás imaginamos que en el valiente ejército ciudadano que consagró la victoria de Moreno había un “caballo de Troya”, una quinta columna dispuesta a traicionar no sólo al líder popular del Ecuador sino al proyecto de transformación que él encarnaba. Si el pueblo ecuatoriano llegara a respaldar la propuesta de Moreno en su referendo, si llegara a triunfar el SI ese país se internaría, para su desgracia, en la misma senda opresora, decadente y violenta abierta por Mauricio Macri en la Argentina. Una sobria mirada a lo que está ocurriendo en mi país debería ser suficiente para persuadir a las ecuatorianas y los ecuatorianos de la necesidad de evitar tan nefasto desenlace. El triunfo del NO en las tres preguntas claves del referendo abriría en cambio las puertas para el renacer de una esperanza hoy ensombrecida por el oprobio de una traición.

sábado, 20 de enero de 2018

Un año loco en la Casa Blanca




 
Donald J. Trump tomó posesión el 20 de enero de 2017

Razón tenía Melania Trump cuando rompió en llanto al enterarse de la noticia de que su esposo había sido electo como el 45to presidente de los estadounidenses. Algunas fuentes dicen que sus lágrimas eran por no querer ser Primera Dama. Otros especulan que ella lo conoce bien y sabía lo que venía. Al parecer sus sentimientos no la han hecho quedar mal. Este sábado, Donald Trump arriba a su primer año en el Despacho Oval con una cifra récord de impopularidad para los primeros 12 meses de mandato. El 65% de los norteamericanos los rechaza, superando a fenómenos de la política como Reagan y Bush hijo.

Los últimos 365 días revelaron que el multimillonario neoyorquino no pretendía llegar a la presidencia, sino impedir que Hillary ganara. El sueño de Trump sigue siendo que en un futuro, no muy lejano, su hija Ivanka se convierta en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos.
Durante su primer año se trazó un objetivo concreto, borrar toda huella de su antecesor Barack Obama. Mostró una maestría insuperable rompiendo acuerdos, al punto de que a apenas 72 horas después de su investidura retiró a Estados Unidos del Tratado Transpacífico y desde el 20 de enero hasta la fecha ha puesto en jaque otros considerados históricos, entre ellos: el que sirve de base a la OTAN, el pacto migratorio de la ONU, la Unesco y el acuerdo climático de París, alegando, en este último caso, que el calentamiento global no existe.

Los medios dicen que convierte sus eslóganes en decreto y no están muy lejos de la realidad. Las revelaciones del libro Fuego y Furia del periodista Michael Wolf así lo demuestran. No por gusto la Casa Blanca trató de censurarlo y la editorial se vio obligada a adelantar su lanzamiento. Quizás por eso rompió todos los pronóstico de venta y ha causado fuertes reacciones a lo interno
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Según revela Steve Bannon en el texto: de lunes a viernes, a eso de las seis de la mañana, a veces con una McDonalds en la mano y una coca-cola light esperando, @realDonaldTrump lanza su metralla en Twitter; 140 caracteres sin asesoramiento ninguno. Estos han ido desde llamar Hombrecohete al líder de Corea del Norte hasta calificar de agujeros de m….. a El Salvador, Haití y los países africanos. Esas barbaridades políticas las hace, según gente cercana a él, desde la cama, en pijama y casi siempre solo. Después les toca a sus asesores arreglar el arrebato.

Ahí dentro de esa habitación, donde por demás duerme sin Melania, con la televisión encendida y el móvil en la mano, el rey de la telerrealidad se crea su trono. Desde la red social más política del planeta lanza lo que puede ser una amenaza al juez que ha paralizado su veto migratorio, un ataque a los medios críticos, una acusación de espionaje a Barack Obama o un insulto a un jugador negro de fútbol americano.

En un año se estiman más de 2.300 tuits. Publicando mensajes como estos cualquiera pensaría que tiene un tornillo flojo. “Irán está jugando con fuego, no valoran lo “amable” que fue el Presidente Obama con ellos. ¡Yo no!” o la ya célebre frase “Mi botón nuclear es mucho más grande y poderoso”, dirigida a Kim Jong-un. Su impulsividad ha provocado un debate en el senado, que no se veía desde 1976, sobre quitarle los códigos de lanzamiento.

Según de Washington Post, el inquilino de la Casa Blanca es conocido también como el presidente de las cinco mentiras diarias. Un estudio de The Fact Checker revela que Trump ha pronunciado más de mil declaraciones falsas o engañosas, lo que equivale a un promedio de casi cinco mentiras al día. Corea del Norte, Rusia, Hillary Clinton y México ocupan los primeros lugares en sus obsesiones por mentir.

Cuba no está cerca de ser una de esas obsesiones, por suerte, pero lo cierto es que desde su campaña anunció que revertiría lo avanzado por el gobierno de Obama. Ya en el poder emitió una orden ejecutiva desde Miami para borrar los pocos acuerdos ya existentes. Sin embargo esto no le bastó y como para ponerle la tapa al pomo llegaron los “ataques sónicos” que, hasta ahora, solo existen en la cabeza de él, de Marcos Rubio y de Bob Menéndez
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Lo que sorprende de Trump es como una barbaridad supera la otra, aunque parezca imposible. Así sucedió con el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, algo que no se había atrevido a hacer nadie, incluyendo los más conservadores. Los analistas dicen que lo hace para ocultar las derrotas a lo interno. Entre estas no haber podido sustituir el Obamacare, la lentitud en la construcción del Muro y las duras críticas que recibió tras su visita a San Juan.

Lo más preocupante es que aun conserva la base electoral que lo llevó a la mansión de 1600 Pennsylvania Avenue. Sus defensores se escudan en el crecimiento del PIB cercano al 3 %, La reforma tributaria aprobada en el Congreso recientemente, la más ambiciosa en los últimos 30 años y la desregulación del país. Menos mal que de los 365 días del año, Trump ha pasado más de 100 de vacaciones, sino estuviera más enredado de lo que está.

¿Cómo terminará esta saga de locuras? Brady Lee, psiquiatra que ya estudia su comportamiento, pudiera tener la respuesta de hasta dónde puede llegar, y hasta dónde el establishment lo dejará hacer. Ya se acercan elecciones legislativas que a lo mejor cambian el panorama y Trump pudiera pasar a la historia como el segundo presidente destituido en Estados Unidos. ¿Será este 2018 otro año loco en la Casa Blanca? Por lo visto en estos días, promete.

viernes, 19 de enero de 2018

Obama regresa a la política este 2018 desatando el miedo de Trump


Escrito por  La Opinión
La preocupación de Donald Trump y el Partido Republicano por defender sus mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado en noviembre se han vuelto mucho peor, ahora tendrán otro factor importante con el que lidiar: Barack Obama. 
 
Barack Obama ha decidido irse con toda su fuerza política para quitarle terreno político al partido republicano y al presidente. El ex presidente hará campaña para desbancar a los republicanos en las elecciones legislativas de fin de año en lo que se espera sea una recia batalla que finalmente lleve a Obama a decir lo que siente sobre Trump.

La portavoz del ex presidente Katie Hill dijo al Chicago Tribune que Obama “seguirá siendo políticamente activo en 2018, con más fuerza durante la campaña”.

Atrás parece haber quedado el año de gracia que se tomó el demócrata para descansar luego de ocho años en el poder, entregándole tiempo valioso a su familia, lo que lo dejan con todo el vigor para ir por los republicanos en las elecciones legislativas que podrían redistribuir el poder en EEUU.


Obama ya ha dejado clara su estrategia para abonar el terreno a favor de los demócratas que tienen la dura tarea de retomar el control del Senado. Obamacare, DACA, el acuerdo de Paris, regulaciones ambientales, deportaciones entre otros serán los frentes de acción en los que el ex presidente actuará por el bien de su partido.

No sobra recordar que la tasa de aprobación de Obama, por encima del 60% contrasta con la baja aprobación del presidente Trump la cual ronda por los 34%, lo que hará que el contraste en la época de campaña sea mucho mayor entre los dos líderes políticos.

Por su parte Donald Trump se comprometió a liderar un ambicioso plan  para las elecciones de Congreso de este año luego de la fatídica derrota en la elección para el Senado en el estado de  Alabama.

jueves, 18 de enero de 2018

¿Está loco el presidente de Estados Unidos?

Al parecer, los comentarios preocupan al propio mandatario norteamericano, quien decidió a última hora introducir una «prueba cognitiva» en su examen médico anual, una costumbre que existe en la Casa Blanca desde hace varias administraciones

Según declaraciones a la prensa de Ronny Jackson, el médico de la Casa Blanca, Trump tiene un «excelente» estado físico y mental. Foto: AP
Cada vez más personas, incluidos asesores cercanos, se cuestionan la salud mental del presidente Donald Trump. Incluso la más pequeña duda debería ser motivo de preocupación no solo para los estadounidenses, sino para el resto del mundo, que está a un botón de distancia de la destrucción nuclear.

Al parecer, los comentarios preocupan al propio mandatario norteamericano, quien decidió a última hora introducir una «prueba cognitiva» en su examen médico anual, una costumbre que existe en la Casa Blanca desde hace varias administraciones.

Según declaraciones a la prensa de Ronny Jackson, el médico de la Casa Blanca, Trump tiene un «excelente» estado físico y mental.

El Presidente habría superado con 30 puntos de 30 posibles un test conocido como «Evaluación Cognitiva de Montreal» (MOCA), que permite detectar problemas leves y se usa como método diagnóstico para determinar si son necesarias pruebas más exhaustivas.

«No veo ninguna razón en absoluto para pensar que el Presidente pueda tener ningún problema con su razonamiento. Su mente es muy aguda, está intacta», dijo Jackson.

Sin embargo, los especialistas apuntan que el test aplicado mide funciones básicas como la asociación, la memoria y la atención, que no tienen una relación directa con muchos padecimientos siquiátricos.

El tema de la capacidad de Trump para asumir la jefatura de Estado resurgió tras la publicación del polémico libro del periodista Michael Wolff, «Fuego y furia: en la Casa Blanca de Trump», que lo retrata como una persona caprichosa, infantil, incapaz de concentrarse o leer un simple informe.
En respuesta a la publicación, el Presidente se describió a sí mismo en Twitter como un «genio muy estable».

Pero algunos sicólogos y siquiatras han saltado las alarmas sobre algunos síntomas evidentes en el mandatario.

La doctora Bandy Lee, quien es profesora de Siquiatría en la Universidad de Yale, dijo recientemente frente al Congreso que Trump era inestable e «iba a desmoronarse» en la Casa Blanca. «Ya estamos viendo señales».

En su libro «El peligroso caso de Donald Trump: 27 siquiatras y expertos en salud mental examinan al presidente», Lee consultó a varios expertos y llegó a conclusiones similares: «debemos sacar a esta persona del poder y del acceso a las armas nucleares. Es una cuestión de seguridad».

Los legisladores demócratas que recurrieron a la doctora Lee son partidarios de la destitución del Presidente por «incapacidad».  En virtud de la enmienda 25 de la Constitución de Estados Unidos, si se considera que el Presidente es «incapaz de ejercer los derechos y obligaciones de su cargo», el Vicepresidente tomaría el puesto.

Sin embargo, para lograr que el procedimiento prospere necesitan un apoyo mayoritario en ambas cámaras del Congreso, que están en manos republicanas.

Otros especialistas han sugerido que Trump puede tener síntomas del Trastorno Narcisista de la Personalidad. Las personas aquejadas por esta afección a menudo muestran grandiosidad, una necesidad extrema de atención, se creen que son superiores o que merecen un trato especial y tienen conflictos para manejar la crítica o la derrota.

Sin embargo, ninguno de los doctores consultados ha tratado directamente al Presidente, como sí lo hizo Jackson.

Si nos guiamos por su diagnóstico, la «buena noticia» sería que el Presidente está sano y su salud no debe ser un problema para terminar este mandato e incluso aspirar a otro.  La mala, que el racismo, el desprecio por las mujeres y la ignorancia no se catalogan como enfermedades siquiátricas y difícilmente salgan a relucir en una «prueba cognitiva».

Trump vs Cuba: Un año después




Donald J. Trump tomó posesión el 20 de enero de 2017 y no habló de Cuba, no tuvo tiempo.

Donald J. Trump tomó posesión el 20 de enero de 2017. No habló de Cuba, no tuvo tiempo. Una prioridad de mayor envergadura centró su atención: reforzar la supremacía de Estados Unidos en un orden internacional amenazado con descarrilarse, dada la magnitud de la crisis de la globalización neoliberal. Como no se conforma con ello, prometió regresar al curso unipolar con que el imperio yanqui consiguió aprisionar al planeta tras el derrumbe del Muro de Berlín.

El 24 de enero se reunió con los grandes del automóvil: Ford, General Motors y Fiat Chrysler, a quienes amenazó durante la campaña presidencial con aplicar sanciones si no retornaban sus fábricas. Necesitaba el voto de los trabajadores anglosajones afectados con el desplazamiento manufacturero hacia países con mano de obra barata, y lo consiguió. Al instalarse en el Despacho Oval, debió zanjar el incidente y les prometió a los magnates un marco regulatorio “hospitalario”: retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático —también una demanda de las transnacionales del sector energético— e inició su principal batalla interna en 2017: la más profunda reforma fiscal de las últimas tres décadas —con recorte tributario de cerca de 1,5 billones de dólares en los próximos diez años—, que ganó en el Congreso pese al rechazo de la opinión pública interna —encuestas de NBC News y The Wall Street Journal reflejan apoyo de solo el 21 % de la población.

Tres días después de su reunión con los fabricantes de autos, emitió el “Memorando presidencial para reconstruir las Fuerzas Armadas de Estados Unidos”. El 23 de febrero declaró que el arsenal atómico se había quedado atrás y prometió situar al país “a la cabeza del club nuclear” —como si no estuviesen en esa posición desde que inventaron la bomba atómica. Trump propuso al Congreso, y se aprobó, destinar 639 000 millones de dólares al presupuesto del Pentágono —9 % más de lo destinado a gastos militares en el último ejercicio fiscal de la Administración Obama. Luego aprovechó la algarabía generada por sus escandalosos altercados mediáticos con la prensa, para resolver otro asunto pendiente: echó abajo las regulaciones que Wall Street y los grandes bancos debieron obedecer tras la crisis financiera de 2008, sin que los ciudadanos se percataran de ello.

Para satisfacer al poderoso lobby judío, intentó desbancar al gobierno de Siria valiéndose de la ofensiva aliada contra el grupo terrorista Estado Islámico; se retiró del consensuado pacto iraní con Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia sobre su programa nuclear —en vigor desde el 15 de julio de 2015 y al que se había opuesto el Partido Republicano en el Congreso—, y aprobó trasladar la embajada estadounidense en Israel hacia Jerusalén Oriental, sin prestar atención al rechazo de la Unesco, de la cual se retiró, y del Consejo de Seguridad de la ONU.

Este patrón de actuación global signado por el desprecio a los mecanismos de concertación
multilateral y el abandono del ejercicio de la ética en las relaciones internacionales, condicionó que el 18 de diciembre de 2017, durante la presentación de su Estrategia de Seguridad Nacional, advirtiera que Estados Unidos entró en una nueva era de rivalidad. El documento anuncia que “están haciendo inversiones históricas en el ejército”, declara a Rusia y China como principales amenazas contra la seguridad de la Unión y califica a Cuba y a Venezuela como “modelos autoritarios de izquierda anacrónicos”. Una semana antes, el Congreso había concedido al Pentágono la cifra récord de 700 000 millones de dólares para el año fiscal 2018, señal de que las declaraciones del presidente no son meras amenazas, ni tienen un carácter unipersonal.
El 29 de septiembre de 2017 ordenó retirar a más del 60% del personal diplomático acreditado en Cuba.
Foto: Republica.com

Dentro de esta lógica, el 3 de febrero de 2017 Trump ordenó revisar la política respecto a Cuba y, entretanto, paralizar la mayor parte de los intercambios oficiales y los mecanismos de cooperación establecidos. El 16 de junio, en Miami, desvió las relaciones bilaterales hacia un curso de confrontación y dejó entrever que se proponía destrozar todo lo avanzado.

Ese día derogó la popular Directiva Presidencial de Política (PPD-43), sancionada por su predecesor para instituir los acuerdos no vinculantes alcanzados a partir del 17 de diciembre de 2014. Le urgía triturar el guion que por ocho meses rigió la actuación de la burocracia federal respecto a la Isla y, en el propio acto, sancionó su “Memorando presidencial de seguridad nacional sobre el fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba”.

Anunció dos nuevas medidas: prohibir las transacciones directas con el sistema empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, y revocar los viajes individuales a la mayor de las Antillas por parte de ciudadanos estadounidenses en la categoría de intercambio “pueblo a pueblo”.

En Miami quedaron con vida las relaciones diplomáticas, las embajadas en Washington y La Habana, los 22 instrumentos bilaterales suscritos en materia de salud, agricultura, medio ambiente y aplicación de la ley; las acciones de cooperación en temas de interés mutuo como enfrentamiento al terrorismo, narcotráfico, ciberseguridad y ciberdelitos, seguridad de los viajes y el comercio, tráfico de personas y fraude migratorio, lavado de activos y delitos financieros, trata de personas y asistencia judicial en materia penal; el correo postal directo, los vuelos regulares de las aerolíneas estadounidenses y las operaciones de cruceros; los acuerdos comerciales con turoperadores y otras compañías.

Pese a la estridencia de su retórica, la mayoría de los analistas políticos de ambas orillas aseveró que el presidente no podría retrotraer el estado de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba a la era Bush (hijo). Lo creían incapaz de desmontar la política instrumentada por Obama, que suponían “irreversible”. Perdieron de vista un detalle: para Trump no existen barreras. Desmontó su sede en La Habana echando mano a supuestos e improbables “ataques sónicos” que, según alega, afectaron la salud de 22 diplomáticos estadounidenses acreditados en Cuba. Pareciera un remake de la fantasiosa Guerra de las Galaxias con que Reagan aterrorizó a Gorbachov. Resulta conocido que el nuevo inquilino de la Casa Blanca ha explotado de manera rutinaria —lo mismo como candidato que como presidente— temores a amenazas ocultas vagamente definidas, como una justificación para la política.

Basado en esta ficción, el 29 de septiembre de 2017 ordenó retirar a más del 60% del personal acreditado en Cuba. Como escribió un amigo: entre los supuestos “sordos” no hay ningún empleado cubano de los que trabajan en las residencias de esos diplomáticos. Ni tampoco el “rayo misterioso” dañó a las esposas e hijos de los 22 funcionarios presuntamente afectados —que, como es obvio, residían en la misma casa.

De acuerdo con el “Manual de Asuntos Exteriores del Departamento de Estado”, emitir una salida ordenada requiere una “Advertencia de viaje” acompañante y en este caso se aplicó el Nivel 4, que “…es el mayor nivel de recomendación debido a la mayor probabilidad de riesgos para la vida” (Departamento de Estado, 10 de enero de 2018). Esta farsa degradante y ridícula le sirvió a Trump para desalentar la visita de los estadounidenses a la Isla, generando un clima capaz de interrumpir el intercambio en las 12 categorías aprobadas. Su redacción —intimidatoria a todas luces—, buscó crear una barrera sicológica para el intercambio “pueblo a pueblo”. La cito en extenso:

El Departamento de Estado advierte a los ciudadanos estadounidenses que no viajen a Cuba. Durante los últimos meses, numerosos empleados de la Embajada de Estados Unidos han sido blanco de ataques específicos. Estos empleados han sufrido lesiones graves como consecuencias de estos ataques. Las personas afectadas muestran una gama de síntomas, entre ellos, malestar en los oídos y pérdida de audición, mareos, dolores de cabeza, fatiga, trastornos cognitivos y dificultad para dormir.
Los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba todavía no han identificado a los responsables, pero el gobierno de Cuba es responsable de todas las medidas apropiadas para prevenir los ataques a nuestro personal diplomático y los ciudadanos estadounidenses en Cuba. Debido a que la seguridad de nuestro personal está en riesgo y no hemos podido identificar el origen de los ataques, creemos que los ciudadanos estadounidenses también pueden estar en riesgo y les advertimos que no viajen a Cuba. Los ataques han ocurrido en las residencias de los diplomáticos de Estados Unidos y en los hoteles frecuentados por ciudadanos estadounidenses. El 29 de septiembre, el Departamento de Estado ordenó la salida de los empleados del gobierno de Estados Unidos que no prestan servicios de emergencia, así como sus familiares […].

Debido a la reducción de personal, la embajada de Estados Unidos en La Habana tiene una capacidad limitada para brindar asistencia a los ciudadanos estadounidenses. La Embajada proveerá solamente servicios de emergencia a los ciudadanos estadounidenses (Departamento de Estado, 29 de septiembre de 2017).

Suspender la emisión de visas de viajeros y de emigrantes cubanos en su consulado en Cuba, por la drástica reducción del personal de la embajada, —hecho sin precedentes desde la apertura de una oficina en La Habana en 1977— y transferir estas gestiones hacia terceros países, ha hecho prácticamente inviables los trámites de quienes aspiran a emigrar o necesitan visitar a Estados Unidos. Con ello la Casa Blanca boicoteó la cooperación bilateral en temas de interés mutuo en materia de salud, medioambiente, control de enfermedades y agricultura, entre tantos, y han sufrido afectación los viajes entre los dos países y los programas de intercambio florecidos en los últimos años.

Al no poder recibir sus visas en La Habana, muchos cubanos se ven imposibilitados de asistir a eventos culturales, deportivos, científicos y académicos en Estados Unidos y se han cancelado las visitas de decenas de grupos estadounidenses, incluidos los de estudiantes universitarios. Por citar algunas cifras: los viajes de ciudadanos de ese país a Cuba crecieron un 76% en 2015 y un 74% en 2016. En 2017 arribaron a la Isla 619 523 estadounidenses (+217%) y 453 905 cubanos residentes en Estados Unidos (+137,8%). En total, los viajeros procedentes de la Unión alcanzaron el pasado año la cifra de 1 173 428 personas (+191%), pero en las últimas semanas se constata ya una considerable disminución. Respecto al intercambio, durante 2016 se realizaron más de 1 200 acciones en los sectores académico, educacional y cultural; sin embargo, tras los últimos acontecimientos, solo en la cultura se han producido hasta la fecha 33 cancelaciones.

Apenas tres días después de retirar a su personal en La Habana, el 2 de octubre de 2017, Estados Unidos expulsó de Washington a 17 diplomáticos cubanos. El Departamento de Estado proveyó una lista específica de los funcionarios a retirar, que prácticamente inhabilitó la Oficina Consular —quedó uno solo para procesar las visas— y desmanteló la Oficina Económico-Comercial. Esta segunda maniobra les permite entorpecer las visitas familiares a su país de los cubanos residentes en Estados Unidos y dejó sin interlocutor a un sector del empresariado norteño (comunicaciones, agricultura, transporte, alimentos y turismo, entre los más significativos) con interés en explorar e identificar oportunidades de negocios en Cuba —sin contar que la comunidad empresarial ha desempeñado, y desempeña, un papel político de primer orden en favor de normalizar las relaciones bilaterales.

Es política del Departamento de Estado reevaluar esta partida ordenada cada 30 días; sin embargo, no han querido tomar en cuenta que la investigación desarrollada por autoridades cubanas, “…que hasta ahora han recibido una cooperación muy limitada y poco efectiva de Estados Unidos, ha arrojado que no existe evidencia alguna sobre la ocurrencia de los alegados incidentes, ni de las causas de las afecciones de salud notificadas, ni de que estas hayan sido causadas por un ataque de cualquier naturaleza” (Vidal, 2017). Tampoco hallan eco las declaraciones de expertos y medios de prensa como The New York Times, Science y Associated Press, respecto a que no existen pruebas para culpar a Cuba por los alegados “ataques sónicos”; al tiempo que relevantes neurólogos, otorrinolaringólogos y científicos acústicos de Estados Unidos, Reino Unido y Alemania alertan de que los “misteriosos síntomas” obedecen a un “trastorno psicogénico colectivo”, o sea, a un ataque de histeria grupal por estrés.

La campaña mediática anticubana, empero, fue concienzudamente planificada, pues incluso en la narrativa de analistas norteamericanos que califican de “desproporcionada” y “punitiva” la respuesta de Trump, prevalece el criterio de que detrás de los “ataques acústicos” está la mano de un tercer país interesado en descarrilar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

“El FBI probó la hipótesis de que ondas audibles, infrasónicas o ultrasónicas pudieran haber sido utilizadas clandestinamente para herir a estadounidenses en Cuba y no encontró evidencia alguna, tras meses de investigaciones y cuatro viajes a La Habana” —develó la agencia Associated Press, el lunes 8 de enero de 2018, luego de acceder a un informe interno de la División de Operaciones Tecnológicas de esta agencia federal de seguridad.

La noticia precedió una audiencia del Subcomité del Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado —presidida por el republicano Marco Rubio y copresidida por el demócrata Robert Menéndez—, celebrada 9 de enero de 2018. No les importaba establecer la verdad, procuraban continuar la farsa. “A nadie le sorprenden las acusaciones infundadas ni las fabricaciones de los senadores anticubanos, cuya única agenda política a lo largo de los años ha sido llevar a nuestros dos países hacia una confrontación, sin importarles las consecuencias. Su total falta de escrúpulos y credibilidad es reconocida. La gran víctima de la audiencia del día de hoy ha sido la verdad” —declaró ese día Josefina Vidal, directora de América del Norte del Minrex (Vidal, 2018).

Ante la falta de evidencias, la inesperada filtración del FBI a Associated Press dejó descolocado al presidente Trump. La reacción no podía tardar: al día siguiente de la audiencia senatorial, el 10 de enero de 2018, Michele T. Bond, subsecretaria del Buró de Asuntos Consulares del Departamento de Estado, declaró en una teleconferencia que la “Advertencia de viaje” a Cuba debió ser modificada al Nivel 3 —de inferior gravedad. En este caso se establece: “Reconsiderar el viaje: Se debería evitar viajar debido a graves riesgos para la seguridad y protección” (Departamento de Estado, 10 de enero de 2018). “Hicimos un examen cuidadoso, consultamos con nuestros expertos y ésta ha sido la conclusión con respecto a Cuba” —reconoció la funcionaria (Cubadebate, 2018).

Otro importante capítulo de esta saga aconteció el 8 de noviembre de 2017: ese día la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro y la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) del Departamento del Comercio publicaron una arbitraria lista de 180 entidades cubanas (Cuba Restricted List) supuestamente vinculadas al sector de la defensa y la seguridad nacional, con las que quedaba prohibido todo tipo de transacción a partir del 9. Como las regulaciones específicas para implementar las medidas de bloqueo contenidas en el memorando que Trump firmó en Miami el 16 de junio, no definen qué es permitido o no, generan confusión y, por ende, su efecto es intimidatorio y disuasivo no solo para el empresariado norteño, sino para otras compañías de terceros países que poseen acciones del capital estadounidense.

¿Podemos esperar que Trump se detenga aquí? No lo creo. En su lógica no existe otro presupuesto que “ganar, aplastar” y lo intentará todo. No —como muchos analistas refieren— anclado a la locomotora de Marco Rubio, sino con su propia agenda destructiva y fascista, que aspira a anular a Cuba como símbolo.

Ya el 22 de diciembre de 2017, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (Uscis) notificó la decisión de suspender temporalmente, pero de inmediato, las operaciones en su oficina de La Habana, ante la reducción del personal de la embajada. Lo visto apunta a que la nueva administración se propone retomar el tema migratorio como arma de guerra. Y en esa senda, no sorprendería que Trump disponga el restablecimiento de la interpretación “pies secos / pies mojados” en la Ley de Ajuste Cubano, pese a su retórica antinmigrante hacia el resto del planeta. Es cierto que para derogarla la Administración Obama contó con el apoyo de la mafia de Miami; mas también es cierto que el pragmático empresario apoltronado en el Despacho Oval es capaz de fabricar un escenario que revierta esa percepción si, de pronto, presume que con ello va a poner a la Revolución contra las cuerdas.

Antes, por supuesto, intentará regresar a Cuba a la espuria lista de países patrocinadores del terrorismo —ya inventará algo— y suspender los acuerdos de cooperación firmados con la Administración Obama. También se propondrá eliminar el permiso a las compañías aéreas que vuelan a la Isla, un punto en el cual la Cámara de Representantes empezó a hacerle la tarea, con la aprobación de un proyecto de ley para revisar las eventuales fallas en los sistemas de seguridad de los aeropuertos cubanos que tienen vuelos comerciales con los de la Unión.

No se han roto las relaciones diplomáticas, ni ha sido expulsado el embajador cubano en Estados Unidos —medidas no descartables—, pero el estado en que quedaron ambas sedes les hace imposible funcionar con normalidad.

La Administración Trump no ha conseguido avanzar más en sus proyecciones, por la actuación de numerosos sectores (empresarios, académicos, militares retirados, entidades científicas y educacionales, agencias de viajes, organizaciones diversas, cubanos residentes e, incluso, agencias gubernamentales), que a partir del cambio operado el 17 de diciembre de 2014, corroboraron la justeza de encauzar los nexos bilaterales hacia una progresiva normalización y han recibido los beneficios de una relación diferente con Cuba. Este compromiso hizo posible la concreción de nuevos negocios en ámbitos del turismo, el transporte, la agricultura y equipos para infraestructura, y que se avance en la negociación de nuevos acuerdos en materia de salud, energía y biotecnología.

Pese a la elevación de la retórica anticubana —tanto por el presidente Trump como por otros altos funcionarios—, el gobierno cubano se niega a contribuir al enrarecimiento del clima bilateral y ha reiterado la voluntad de continuar el diálogo respetuoso. El Minrex presentó al Departamento de Estado siete planes para implementar los memorandos de entendimiento suscritos sobre cooperación en materia de hidrografía y geodesia, áreas terrestres protegidas, sismología, meteorología, control del cáncer, sanidad animal y vegetal, y hermanamientos de parques nacionales, y reiteró las propuestas de bases para cooperar en el enfrentamiento a la trata de personas, terrorismo, tráfico de personas, fraude migratorio y lavado de activos. Está a la espera de las respuestas de Washington.
El año 2018 será complejo para todos en la Tierra y también para Cuba, que aboga por preservar las relaciones con Estados Unidos, pero jamás se doblegará ante presiones ni chantajes.
 
 
Bibliografía:
Andrés Román, Martha Isabel (2017): “Diplomáticos de EEUU en Cuba: Pretextos para una reversión”, 13 de octubre. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/10/13/diplomaticos-de-eeuu-en-cuba-pretextos-para-una-reversion/#.WjfXk2v4LA8
Alonso Falcón, Randy (2018): “Un Presidente fiel a los suyos”, 5 de enero. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2018/01/05/un-presidente-fiel-a-los-suyos/
Cubadebate (2018): “Departamento de Estado modifica recomendaciones sobre viajes a Cuba”, 10 de enero. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/01/10/departamento-de-estado-modifica-recomendaciones-sobre-viajes-a-cuba/#.WlcGqWv4LA8
Departamento de Estado (2017): “Mensaje de seguridad para ciudadanos estadounidenses: Advertencia de viaje”, Embajada de Estados Unidos en La Habana, 29 de septiembre. Disponible en: https://cu.usembassy.gov/es/security-message-u-s-citizens-travel-warning/
Ídem (2018): “Nuevas Recomendaciones de Viaje para viajeros estadounidenses”, 10 de enero. Disponible en: https://cu.usembassy.gov/es/nuevas-recomendaciones-de-viaje-para-viajeros-estadounidenses/
González Santamaría, Abel (2017): “Cuba y Estados Unidos: Principales avances y retrocesos”, 18 de diciembre. Disponible en: http://www.granma.cu/mundo/2017-12-18/cuba-y-estados-unidos-principales-avances-y-retrocesos-a-tres-anos-del-17-d-18-12-2017-00-12-48
Ídem (2017): “La nueva Estrategia de Estados Unidos: proyecciones hacia Nuestra América”, 28 de diciembre. Disponible en: http://www.granma.cu/mundo/2017-12-28/la-nueva-estrategia-de-estados-unidos-proyecciones-hacia-nuestra-america-28-12-2017-22-12-55
Ídem (2018): “Estados Unidos: ¿La “ciudad en la colina” como un ejemplo a seguir en 2018?”, 5 de enero. Disponible en: http://www.cubadebate.cu/opinion/2018/01/05/estados-unidos-la-ciudad-en-la-colina-como-un-ejemplo-a-seguir-en-2018/#.WlJeNmv4LA8
Jacomino, Fernando León (2017): “Hacemos todo lo posible porque no se interrumpa el intercambio”. Disponible en: http://www.lajiribilla.cu/noticias/hacemos-todo-lo-posible-porque-no-se-interrumpa-el-intercambio
Vidal, Josefina (2017): “Intervención de la directora de América del Norte del Minrex, Josefina Vidal, en el ISRI Raúl Roa García”, 15 de diciembre. Disponible en: http://www.minrex.gob.cu/es/reitera-cuba-disposicion-continuar-trabajando-favor-de-mejores-relaciones-con-estados-unidos
Ídem (2018): “Declaraciones a la prensa de la Directora General para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal Ferreiro”, 9 de enero. Disponible en: http://www.minrex.gob.cu/es/cuba-es-un-pais-seguro-pacifico-y-saludable
(Tomado de La Jirirbilla)

FIGUEROA TIENE LA PALABRA...


Víctor Figueroa: “Yo quiero que me digan Pedro Primero”
Por Michel Contreras

Víctor Figueroa me recibió en su casa con la desolación tatuada en cada ojo. Era la viva estampa del hombre que se ha debido resignar a un golpe inesperado y formidable, esa especie de “manotazo duro” con que Miguel Hernández definiera la muerte de un amigo. Eso mismo: a Figueroa parecía habérsele muerto un ser querido.

Pero lo que le habían matado eran los sueños. Llevaba acariciándolos durante toda la segunda vuelta de un torneo donde su equipo se paseó, feliz y pavoroso, con la etiqueta de virtual campeón que muchos le colgaron. Había ganado 33 de 45 compromisos ante equipos debidamente reforzados, y en el tanque de sus esperanzas ya no cabía una gota más de combustible.

Sin embargo, la historia se le repitió como tragedia. Matanzas arribó a los play off llena de bríos, se impuso con autoridad en el primer encuentro, y después recibió cuatro estocadas sucesivas que evocaron desenlaces similares en cada una de las campañas anteriores.

Se había ido un Víctor, llegaba otro, y el libreto no recibía variaciones: el equipo jugaba como nunca en las clasificatorias, y más tarde perdía como siempre en las finales. Si la aventura de las postemporadas yumurinas en la década fuera a ser materia prima para el cine fantástico, cabría decir que el pobre Cocodrilo ha sido víctima de un espantoso hechizo.

Con su nuevo traspié en fases cruciales, el arco iris matancero ya alcanzó las siete franjas. Lo terrible del caso es que todas son negras.

¿Qué pasó, Figueroa? ¿Por qué crees que tu equipo se desarticuló?

-Fue terrible. Solo puedo decirte que hay que hacer una revisión porque no puede ser que año tras año pase lo mismo. No puede ser que un equipo esté a un nivel tan alto que los otros no podían con él, que las victorias llegaban con una facilidad tremenda, y de pronto se viene abajo de un momento para otro. Eso no puede suceder cuando en las filas hay varios atletas considerados entre los mejores peloteros del país. Por eso tendremos que llegar a conclusiones importantes. Matanzas se merece que este equipo le acabe de dar una alegría total, y creo que de esta manera no lo podremos conseguir aunque hagamos hasta lo imposible.

Dices que se necesita una revisión, pero es el séptimo año consecutivo en que Matanzas pierde en el play off. ¿Acaso no se han hecho revisiones anteriores?

-No sé decirte, pero si no se han hecho yo quiero hacer la primera para conocer el trasfondo de lo que está pasando, para tocarlo con las manos y para eso hay que sentarse, analizar y hacer un informe. Es algo que no quiero hacer yo solo, sino con mi equipo de trabajo, al que tengo mucho que agradecerle, al igual que a mis atletas. Lo que sí no podemos es esperar a que pase lo mismo el año próximo.
¿Habrá faltado entrega?

-Faltaron motivación, concentración; faltó ese punto final para llegar a la victoria. A mí me emociona mucho ver al tunero Danel Castro cómo toma la iniciativa en el momento difícil y se echa al grupo arriba. Eso es lo que hace falta para poder lograr victorias: alguien tiene que llevar la bandera. Y si entre los matanceros nadie asume esa responsabilidad, qué le vamos a exigir al que viene a ayudarnos como refuerzo. Tengo la sensación de que se cae en un ‘efecto dominó’ en el que unos van empujando a los demás y por ese camino todas las cosas salen mal.

A Matanzas le está sucediendo algo parecido a lo que antes ocurrió con Sancti Spíritus, y la afición alude siempre a esas situaciones apelando a la palabra ‘coraje’ o alguna otra aún más contundente. ¿Cómo lo ves tú?

-Para afirmar eso tendríamos que tener un instrumento que midiera el nivel de coraje, y eso no existe. Es verdad, Sancti Spíritus pasó por lo mismo con varios jugadores de primer nivel. Pero Sancti Spíritus no tuvo la oportunidad de reforzarse, nosotros sí, y ni de esa manera se ha podido llegar. Somos el equipo más ganador durante la Serie y después todo cambia en un instante. Yo quiero encontrar una fórmula que termine con eso.

Digámoslo de la manera más elegante: ¿hará falta un trabajo sicológico más profundo en el equipo?
-Pienso que sí. Al empezar el play off supuse que tendría a tres líderes: Yorbis Borroto, por su entrega; Frederich Cepeda, por su experiencia; y Yurisbel Gracial, por matancero y talentoso. Sin embargo, Eduardo Blanco fue el que debió llevar la voz cantante con dos batazos muy importantes.
Se habla de que varios jugadores del núcleo fuerte matancero se irán a cumplir contratos en el exterior, y de que otros pudieran acogerse al retiro. ¿Qué posibilidad te suena más cercana, la de ganar por fin un campeonato o la de regresar a las posiciones sotaneras de hace algunos años?

-Si la base del equipo empieza a irse tendríamos dificultades que nos obligarían a trabajar más con la reserva. Las salidas para jugar fuera de Gracial, Ariel Martínez y Yoanni Yera son casi confirmadas, mientras Ramón Licor y Jonder Martínez podrían no hacer el mismo trabajo que este año debido a la edad. Todo eso haría más enredada la clasificación, pero habría que ir paso a paso. Claro está, si se nos debilita la base será complicado ser campeón, porque nos faltarían jugadores esenciales para quedar entre los cuatro. Pero hoy no tengo por qué decirte que no vamos a clasificar. Soy una persona optimista y trabajo para ganar. Mis equipos en 14 Series Nacionales siempre han ganado más de 50 juegos, y seguiré con la idea de que eso se puede volver a lograr.

¿Por qué Jefferson Delgado no jugó nunca contra Granma a pesar de que se dijo por televisión que Gracial estaba jugando con una mano inflamada?

-Jefferson no jugó porque yo tengo al tercera base más integral de la pelota cubana de hoy. Un pelotero que vino con números excepcionales de su liga de Canadá, y los mantuvo aquí. Además, Gracial es el pelotero insignia del equipo. Cuando él regresó de Canadá no solicité ningún refuerzo en los jardines para que Jefferson pasara al jardín izquierdo, pero no tuvo los números esperados a la ofensiva, no trabajó bien a la defensa y presentó una lesión en una rodilla a punto de finalizar el calendario. Por eso tuve que pedir más tarde a Cepeda, uno de los mejores peloteros de nuestra historia.

“En lo que concierne a Gracial, hay que hablar con honestidad. Le dan un bolazo iniciando el play off y lo estuvimos chequeando en todo momento. El médico y el fisioterapeuta me daban un informe diario y siempre consistió en que él estaba en plenas condiciones de jugar. El propio Gracial me dijo que no tenía problemas para seguir en actividad; por eso jugó hasta el último día. Nunca nadie –ni él ni el médico ni el fisioterapeuta- me dijo que tuviera la mano inflamada. Soy de los managers que no pone a jugar a un atleta si está lesionado o enfermo, porque no me gusta abusar de los resultados. Yo lo cambié de bate y lo puse más atrás en el line up para ver si reaccionaba y no pudo ser. No estoy en contra de eso. Cualquier pelotero puede fallar en su rendimiento, pero por la mano no fue”.

Pediste a varios jugadores avileños (Borroto, Osvaldo Vázquez, Dachel Duquesne) porque son los que más han ganado en los últimos tiempos, pero apenas te aportaron en la postemporada...
-Eso no estaba en ninguno de mis cálculos. Pensé que ellos llevarían un gran peso en la etapa final y no fue así (aunque sí me ayudaron muchísimo en la segunda fase). Lo anterior se suma al resultado bajo que tuvieron mis atletas de Matanzas. Blanco fue el que llevó la bandera del equipo; Cepeda también aportó y merece un reconocimiento. Los demás tuvieron una merma. Y en el pitcheo, exceptuando los trabajos de Yera, Jonder y Yosvany Torres, el resto poco pudo hacer. Ni siquiera Miguel Lahera trabajó con la efectividad que necesitábamos.

Si el play off fuera a empezar de nuevo, ¿corregirías la decisión de trabajar con cuatro abridores?
-Sí. Creo que me habría ido mejor con tres. Lo que ocurre es que la dirección del equipo acordó darle la oportunidad a Roy Hernández porque era el líder en promedio de carreras limpias del campeonato, un joven que se entregó con muchos deseos y al que no quise hacerle daño al dejarlo fuera de la rotación. Obviamente, puede que haya habido decisiones mías que no fueran las más adecuadas.
Mucha gente dijo que no debías haberte cruzado con Granma en la semifinal, que habría sido más adecuado elegir al adversario...

-Sí, pero mi filosofía no era esa, sino que yo pediría primero en los refuerzos y los cruces empezarían siempre en mi casa. Además, quedando primero ya garantizaba cuando menos un lugar en el podio.
Hasta ahora siempre trabajaste como preparador y, de pronto, te encomendaron asumir las riendas. ¿Cuán impactante es ese cambio de misión?

-Es tremendo, porque asumes la responsabilidad de todo el equipo. Pasas a ser el director de una empresa y tienes que saber por dónde van todos tus departamentos. Antes solo tenía que entregarle un equipo bien preparado a quien lo fuera a dirigir y mantenerlo así durante toda la Serie; ahora tengo que chequear todo el trabajo y velar por cada área.

Después de esta primera experiencia, ¿cómo te autodefinirías como manager?

-Soy un manager arriesgado, que siempre va por la victoria. Para mí ningún equipo es mejor que el mío. Tengo absoluta fe en mis jugadores. El manager que no piense así va con miedo y el miedo no deja pensar. Hasta el último día tuve esperanzas de ganar. Tanto, que perder el play off fue una sorpresa enorme para mí. Cuando caímos en el segundo juego, pensé que solo habíamos tenido un desliz y que luego lo arreglaríamos. Fue cuando perdimos el tercero que me empecé a preocupar, porque los juegos impares son fundamentales para el triunfo. Me siento como un manager que tiene mucho que aprender y este play off me enseñó muchas cosas.
¿Por ejemplo...?

-Que no debía pensar tanto en el mañana. Espero no tropezar dos veces con la misma piedra. Creo que lo hice aceptablemente, aunque haya tenido equivocaciones como las tienen todos los managers, unos más que otros. Me parece que dirigir lleva valentía, calma y mucho pensamiento para generar buenas ideas, y estoy convencido de que un manager debe ser fuerte, pero tiene que saber dar la mano. Eso lo cumplí. Hice una familia dentro del equipo y sentí que los muchachos me querían. Siempre pensé que mi equipo le ganaba a Granma y fui el primero en reconocer a Carlos Martí cuando me ganó. ¿Por qué voy a estar molesto con él si me derrotó en buena lid? En ese Granma, mis respetos para Carlos Benítez y Yordan Manduley, un talismán que gana donde quiera que llega. ¿Y qué decirte de la impresión que me ha dejado Roel Santos? ¿O de Alfredo Despaigne, que viene a entregarse después de una larga temporada en Japón?

¿Esperas seguir al mando del equipo el próximo año?

-Espero que sí. Tengo la mejor disposición, pero hay que esperar a ver qué pasa.
Supongamos que en la temporada venidera llegas a la final y la pierdes. ¿No te preocupa que la gente te bautice con algún sobrenombre burlón?

-Si el próximo año quedó en plata, que me pongan el apodo que quieran. Ojalá desde ahora pudiera decirte que el año que viene voy a ser segundo, porque así habré subido un escaño con respecto a éste. A ver si el de más arriba entonces somos campeones y me empiezan a decir Pedro Primero.

miércoles, 17 de enero de 2018

Fuego y Furia de Trump: Lo que dice el libro (y lo que no dice)



Por: Silvina M. Romano, Arantxa Tirado, Aníbal García Fernández

Furia y Fuego. Dentro de la Casa Blanca. Foto: EFE

El libro Fire and Fury. Trump inside the White House, escrito por Michael Wolff, ha causado enorme revuelo a nivel internacional. En términos generales, es un relato sobre la campaña a la presidencia y los primeros meses de la gestión de Trump, centrado en una descripción de la vida personal, el perfil psicológico y su entorno inmediato.

El material de análisis son diálogos en reuniones formales e informales, conversaciones telefónicas, además de los discursos del propio Trump. Se repiten a lo largo del libro las principales
características del presidente: su ignorancia, su “incapacidad mental”, su falta de respeto por las normas, el modo de hacer las cosas en la política y su superficialidad. Se remarcan sus altibajos anímicos y la tendencia totalmente autoritaria de él y sus principales asesores (como Stephen Bannon).

El actual presidente ganó por su discurso directo: una retórica llana y superficial, la utilización del twitter como herramienta de comunicación básica, la aparición repentina en shows de TV y radio. Construyó un (supuesto) vínculo inmediato con la gente “común”, criticando a “los políticos” y al “establishment”.

Las principales críticas apuntan a su costumbre a rodearse de millonarios, a su vida de “celebrity”, su objetivación de las mujeres, su trato despectivo, machista y patriarcal (incluido el acoso). Se destaca como factor sumamente negativo la presencia de familiares de Trump en el proceso de toma de decisión. Muchas de estas prácticas estuvieron presentes en presidentes y gobiernos anteriores, pero que trataban de ocultarlas y mantener las apariencias. Lo molesto y escandaloso, tal como lo sostiene Wolff, es que Trump ni siquiera considera la necesidad de hacer ese esfuerzo.

Se recuerda que el actual presidente ganó por su discurso directo: una retórica llana y superficial, la utilización del twitter como herramienta de comunicación básica, la aparición repentina en shows de TV y radio. Construyó un (supuesto) vínculo inmediato con la gente “común”, criticando a “los políticos” y al “establishment”. Así, la falta de cálculo y su inexperiencia en la política constituyeron parte de su “encanto” en la campaña, lo que hizo que un 35% de los votantes lo eligieran sin importar lo que hiciera. Esto se tradujo en la forma de gobernar: falta de experiencia, falta de planificación y ausencia de estrategias claras en la toma de decisiones ya en la presidencia. Trump no conoce las leyes, no le interesa el orden impuesto por la burocracia, no respeta los tiempos ni los modos de la vida presidencial.

Indicios sobre política interna y toma de decisión

El Despacho Oval es un caos con Trump, circula demasiada gente. Es el presidente al que más personas tienen acceso de todos los que ha tenido EEUU.

El presidente actúa como su propio jefe de Gabinete, jefe de prensa, etc.

Trump no procesa la información de una manera convencional. Trump no lee, ni siquiera hojea. Aunque sí es capaz de leer lo que le interesa (sobre todo lo relativo a él mismo). Algunos lo creen disléxico. Otros creen que el hecho de no leer es característico de su rasgo “populista”.

Vicepresidente Pence: no hay mucha información al respecto de su actividad o pensamiento porque la gente de su equipo, como él, es gente de pocas palabras

Enfrentamiento con establishment republicano: Trump estaba poco interesado en el objetivo republicano central de tumbar el Obamacare. Pero Paul Ryan fue el que tomó la decisión final de acabar con el Obamacare. La votación de proyecto de ley sanitaria mostró las contradicciones entre el Tea Party y el establishment republicano.
Dentro de la Casa Blanca. Imagen de archivo.

Personalidades influyentes en Trump
Stephen Bannon (asesor de campaña y muy cercano a Trump, de derecha ultraconservadora). Jared Kushner (yerno de Trump, judío demócrata liberal, círculo de los ricos judíos) e Ivanka Trump (hija) y Reince Priebus (cabeza del Comité Nacional Republicano).

Tensiones permanentes entre estos “consejeros” personales del presidente por ganar confianza y mayor impacto en la opinión de Trump. Aparentemente se impuso, por ejemplo, la influencia de Kushner e Ivanka en detrimento de influencia Bannon.

Principales gerentes de empresas cercanas al gobierno actual, y miembros de la elite del poder próximos a Trump, que participan en diferentes instancias de consultas (formales o informales). Estos vínculos son relevantes porque en cierta medida pueden explicar la toma de algunas decisiones (en el plano económico o de política exterior), en virtud de los intereses de estas empresas o sectores.

Tendencias en política exterior
Relación tensa, desde el principio, con la “comunidad” de inteligencia. Bannon y Trump le llaman Deep State.

Uno de los expertos frecuentemente consultados, a través del yerno de Trump, Kushner, es Kissinger. Percepción general de Trump y Bannon: Rusia “está bien”, seguramente hay tipos malos ahí, como los hay en todos lados.

China es el verdadero enemigo. Según Bannon: China es como la Alemania nazi. Los chinos, como los alemanes, son extremadamente racionales, hasta que ya no lo son. Van a erigir un hiper-nacionalismo, que será difícil de contener.

Medio Oriente

El yerno de Trump, Jared Kushner (de la elite judía liberal), fue designado como encargado del tema de Medio Oriente desde los primeros días de gobierno.

Netanyahu era un viejo amigo de la familia Kushner pero cuando visitó Nueva York, también contactó a Bannon.

Kushner está vinculado a Tony Blair por sus nexos con Rupert Murdoch. Blair, tiene importantes negocios en Medio Oriente.

Según Trump y sus asesores cercanos los últimos tres gobiernos erraron en la política externa, por lo que el nuevo principio es hacer lo contrario. El esfuerzo se centrará entonces en crear un “futuro equilibrado” con una “doctrina eficaz” compuesta por tres elementos: 1) poderes con los que se puede trabajar, 2) poderes con los que no se puede trabajar, 3) poderes insuficientes a los que se puede ignorar.

Lo que no se dice en el libro

El libro se inscribe en una larga tradición liberal, de internacionalistas, politólogos y sociólogos que analizan la política desde la perspectiva de las conductas individuales, la trayectoria familiar y el perfil psicológico del político estudiado. Se centran en el individuo y su entorno próximo.

Desestiman o ponen en un segundo plano la estructura económica, las dinámicas de poder y el proceso histórico que viene moldeando la política estadounidense a nivel interno y su proyección hacia el exterior. Esta estrategia se combina sin tensiones con la ideología hegemónica del “modo de vida americano” pues tiende a explicar solo una parte, una mínima parte del sistema, sin esmerarse por plantear con seriedad y contundencia el panorama político, económico, social y cultural, la realidad internacional en la que es elegido presidente como Trump.

Por ejemplo, el libro no aborda cuestiones de fondo que parecen imprescindibles para comprender el “fenómeno Trump”: si Trump es tal cual lo muestra Wolff ¿por qué lo votó la gente? ¿por qué lo votaron los representantes de los diferentes Estados? ¿a quiénes representa la democracia

estadounidense? ¿qué había “oculto” en la sociedad estadounidense que salió a la luz en estas elecciones? ¿cuál es el contexto social, político, económico y cultural que habilita a que un millonario que se paga su propia campaña política, un hombre de los negocios, del espectáculo, devenga presidente con una campaña muy poco elaborada? ¿qué hicieron (o no hicieron) los demócratas para contribuir a este giro hacia la derecha y conservador? ¿cuánto aportó el liberalismo al discurso de la no política y a la celebración del perfil empresarial en la política?

Otra pregunta fundamental, especialmente en materia de política exterior ¿lo que Trump “dice”, se refleja 100% en la toma de decisión? Hasta ahora, el presidente EEUU pudo tomar varias decisiones y materializarlas en Executive Orders (Decretos), pero en muchos o la mayoría de los casos encontró obstáculos, no solo por parte de la prensa, sino por las discusiones en el Congreso y la presión por parte del Poder Judicial. El Pentágono, por el momento, no adhiere o mantiene distancia frente a los diversos discursos provocativos del presidente (respecto a por ejemplo la cuestión de Corea del Norte). Los negocios de las compañías multinacionales estadounidense, por el momento, no parecen estar en peligro “terminal”. La amenazada “libertad de comercio” en realidad, hasta ahora está siendo “revisada” para lograr un libre comercio “justo” a favor de EEUU. Lo mismo sucede con la política frente a China, con quien Trump supuestamente iba a enfrentarse de modo directo… Esto no ha sucedido hasta el momento.

Desde la perspectiva de América Latina, es bien conocido también el doble discurso y la hipocresía de administraciones anteriores, incluidas las demócratas, que difundieron un discurso de no intervención y “poder blando”, mientras en los hechos fueron partícipes de diversas estrategias para presionar a favor del “cambio de régimen” en aquellos países no alineados estrictamente a la política estadounidense.

De hecho, en el escrito, se percibe la existencia de un establishment burocrático que trasciende a todas las administraciones, el Deep State, que tiene sus propias lógicas de funcionamiento (y hasta simpatías), puede llegar a operar para socavar la presidencia de alguien como Trump si se confabula con otros sectores del poder real en la sombra (léase empresarios, banqueros, poder mediático, etc.). Por ejemplo, la mala relación de Trump con las agencias de inteligencia estadounidense lo pone en una situación realmente vulnerable. La misma publicación y promoción inusitada de este libro podría ser parte de un consenso implícito entre diversos sectores para tratar de presionar en su remoción por la vía del impeachment o reforzar su descrédito personal/psicológico, considerando que el asunto sobre el (supuesto) “complot” con Rusia no ha calado (aún) tanto como esperaban sectores opositores. En efecto, además de un juicio político, se rumorea posible invocación de la Enmienda 25 de la Constitución estadounidense[1]. Según Wolff, fue nombrada en numerosas oportunidades por los miembros del equipo cercano a Trump.

En este sentido, valen dos apuntes. El primero, es que las instituciones permanecen, las personas no. Una cosa es lo que dice Trump (en su verborragia desatada en redes sociales y medios) y otra son los intereses materializados en una red de poder que trasciende a la Casa Blanca estadounidense y que difícilmente se quebrará en uno o dos años por las decisiones de una persona. Lo segundo, es que cabe preguntarse si los sectores a favor de un impeachment a Trump están pensando en reemplazarlo por un perfil como el de Hillary Clinton, o si buscarán un cambio como el propuesto por el programa de Bernie Sanders.

Trump es ciertamente un presidente merecedor de las críticas apuntadas en el libro y de muchas más. Sin embargo, desde la perspectiva de América Latina, es bien conocido también el doble discurso y la hipocresía de administraciones anteriores, incluidas las demócratas, que difundieron un discurso de no intervención y “poder blando”, mientras en los hechos fueron partícipes de diversas estrategias para presionar a favor del “cambio de régimen” en aquellos países no alineados estrictamente a la política estadounidense. Los árboles no deben tapar el bosque: es importante conocer el “modo de hacer las cosas” de la gestión Trump, pero es también crucial atender el modo en que operan las instituciones, las prácticas de las multinacionales estadounidenses, las doctrinas y operaciones del Comando Sur, los vínculos de las minorías privilegiadas estadounidenses con las elites locales, las redes de partidos políticos de derecha y neoliberales estadounidenses en la región, las múltiples y diversas maneras de imponer pautas de consumo material, político y cultural a través de los medios de comunicación y de entretenimiento. Dinámicas que son anteriores y a la vez trascienden a Trump.
Notas

[1]https://www.globalresearch.ca/invoking-the-25th-amendment-a-constitution…
(Tomado de Alainet)